cuanto ruido¡¡¡¡¡¡

Y el ritmo del día acelera y mi andar también acelera y sigo haciendo ruido, pero el que hay en mi cabeza es más fuerte aún.
Salgo de mi casa con el radar descompuesto, con el mapa perdido y mis pies lastimados por las ampollas que han causado estos zapatos. Me topo con todos los demonios que viven en mí y me miran de frente y me hablan al oído y me tocan desde siempre, desde antes y traen consigo legionarios terribles, a los que nunca antes había visto, llegan con sus caras nuevas, con sus tormentos nuevos, me dicen que me sujete, los escucho, empero los ignoro, sigo andando -lenta y cuidadosamente- por la ciudad, subiendo aquí, bajando allá, mientras la gente habla, y el cielo no amina desde hace un rato, el grito de los tubos de los autos arrojan sonoras carcajadas de humo cual si fueran cínicos ancianos sentado en el pórtico de alguna casa vieja, de viejas costumbres, viejas ideas y al reírse de la vida de perros echaran bocanadas de su cigarro amarillo.
Y el ruido de mi cabeza no deja de rebotar.

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